Nos engañaron, nos dijeron que Dinamarca tenía el nivel de los servicios de salud, nos dijeron que los medicamentos serían suficientes y lo peor; les creímos.
Luego llegó la evidencia de que nada es lo que parece, los anaqueles vacíos, la falta de prestaciones, los pacientes en los pisos. Y siguieron diciendo que no era para tanto.
Protestaron, y dijeron que la manifestación era partidista. Y siguieron volteando a otro lado. Hasta que las mesas de negociación se hicieron presentes.
¿De qué sirve sentarse a negociar si, al salir de la reunión, los problemas siguen esperando en la puerta de los hospitales? La salud pública no mejora con fotografías, comunicados ni promesas de solución. Mejora cuando una persona llega a una clínica y encuentra un médico, cuando recibe sus medicamentos completos y cuando una familia no tiene que endeudarse para atender una enfermedad. Sin embargo, las protestas de trabajadores del IMSS en México y Oaxaca, durante octubre, volvieron a poner sobre la mesa las carencias de medicamentos, equipo médico y condiciones para atender a los pacientes. .
Ahi está la madre que debe comprar por su cuenta el medicamento de su hijo; el adulto mayor que espera una consulta especializada; el paciente que tiene que trasladarse desde una comunidad lejana y regresar sin una solución. Para muchas familias oaxaqueñas, enfermarse significa enfrentar no solo un problema de salud, sino también un golpe económico.
El diálogo puede ser necesario, pero no sustituye la obligación de gobernar ni debe convertirse en una forma de aplazar respuestas. Las mesas de trabajo tienen sentido cuando producen fechas, responsables y resultados que la ciudadanía puede revisar.
La salud no debería depender del discurso de ningún gobierno ni convertirse en una bandera para ganar simpatías políticas. Es un derecho que se demuestra todos los días, en las consulta y en los medicamentos entregados.
Así que podrán seguir diciendo que no pasa nada, podrán seguir desviando la mirada a algo que nos duele todos los días, la diferencia es que ahora ya no les creemos.






