
De pronto apareció una carta. Una carta del expresidente Andrés Manuel López Obrador dirigida a Donald Trump. Y la pregunta es: ¿qué significa que un expresidente que prometió retirarse de la vida pública vuelva a intervenir en temas políticos? Más aún, ¿por qué ahora? ¿Por qué decide hablar en este momento y no cuando México atraviesa algunos de los problemas más graves de los últimos años?
Durante meses hemos visto cómo la violencia se expande en distintas regiones del país, cómo el crimen organizado gana terreno y cómo miles de familias viven con miedo. También hemos sido testigos de escándalos de corrupción, del deterioro de los servicios de salud y de una economía que no alcanza para muchas familias. Sin embargo, frente a esos problemas no vimos cartas, pronunciamientos ni llamados enérgicos.
Resulta difícil entender las prioridades. Cuando los mexicanos enfrentan problemas reales todos los días, la atención parece centrarse en disputas políticas y narrativas internacionales. La verdadera pregunta no es qué piensa Donald Trump de México. La verdadera pregunta es qué piensan los mexicanos de la inseguridad, de la falta de medicamentos, de las carreteras abandonadas o de las oportunidades que no llegan.
México necesita menos mensajes simbólicos y más respuestas concretas. Si alguien quiere volver a participar en la conversación pública, debería hacerlo para explicar por qué la violencia sigue creciendo, por qué persisten tantos problemas sin resolver y por qué millones de ciudadanos siguen esperando resultados. Porque al final, la carta más importante no es la que se envía al extranjero; es la que sigue pendiente con los mexicanos.





