
Un informe de gobierno no puede ser solamente una celebración de cifras y programas; debe ser también un ejercicio de rendición de cuentas. Aunque desde Palacio Nacional se hable de una transformación que avanza, en las calles hay familias que siguen esperando respuestas, comunidades que siguen reclamando oportunidades y ciudadanos que sienten que las promesas todavía no se convierten en soluciones.
Una de las deudas más dolorosas sigue siendo con las madres buscadoras. Mujeres que, ante la ausencia de respuestas, han tenido que salir a buscar a sus propios hijos y convertir su dolor en una causa de justicia. No podemos normalizar que una madre tenga que convertirse en investigadora, recorrer caminos y tocar puertas para saber qué ocurrió con un ser querido. Ningún gobierno puede hablar de justicia social mientras existan familias que no encuentren respuestas. A las madres buscadoras no se les debe solamente escuchar en una reunión o recibir en una oficina; se les debe garantizar verdad, acompañamiento, investigación y justicia.
También existe una deuda con las mujeres organizadas y con los colectivos feministas que durante años han empujado cambios que hoy forman parte de las leyes y de la agenda pública. Las mujeres no necesitan únicamente discursos que hablen de igualdad: necesitan seguridad para caminar por las calles, instituciones que funcionen, fiscalías que investiguen y autoridades que no minimicen la violencia.
Y está también el México rural, el México que trabaja la tierra y que muchas veces parece quedar fuera de los grandes discursos nacionales. Las campesinas y los campesinos necesitan precios justos, acceso al agua, seguridad, financiamiento, caminos y condiciones para seguir produciendo. No podemos hablar de soberanía alimentaria mientras quienes producen nuestros alimentos enfrentan incertidumbre y abandono. Y qué decir de las mujeres indígenas, que cargan históricamente con desigualdades profundas y que siguen luchando por educación, salud, seguridad, oportunidades y respeto a sus derechos. México se construye también en los ejidos, en las comunidades indígenas y en cada región donde las familias salen todos los días a trabajar.
México necesita contrapesos, instituciones fuertes y una política que vuelva a escuchar a la gente. El verdadero éxito de una administración no se mide solamente por lo que puede presumir en un informe, sino por las respuestas que puede dar a quienes siguen esperando. A las madres buscadoras les debemos justicia; a las mujeres, seguridad; al campo, oportunidades; y a nuestras comunidades indígenas, igualdad y dignidad. Ahí están las verdaderas cuentas pendientes de esta transformación.






