
Hace apenas unas semanas, Miahuatlán volvió a convertirse en noticia nacional por las razones equivocadas. Primero fue el ataque contra el presidente municipal. Ahora, un atentado contra un expresidente municipal dejó como saldo un escolta asesinado y una nueva señal de alarma para toda la región. Lo preocupante es que nadie parece estar a salvo.
Mientras tanto, desde el gobierno estatal se anuncian operativos, estrategias y nombres llamativos como “Operación Cazador” o programas especiales para recuperar la paz en distintas regiones. Los comunicados oficiales hablan de despliegues, coordinación institucional y resultados contundentes. Pero si las estrategias están funcionando, ¿por qué siguen ocurriendo ataques armados, asesinatos de autoridades municipales y hechos de alto impacto en diferentes regiones del estado?
En los últimos meses Oaxaca ha sido escenario de asesinatos de presidentes municipales, ataques contra autoridades y agresiones que mantienen a comunidades enteras en incertidumbre. El asesinato del alcalde de San Miguel Amatitlán y los antecedentes recientes en otros municipios evidencian que el problema es mucho más profundo que una simple percepción de inseguridad.
En redes sociales abundan los videos institucionales, las fotografías de operativos y los anuncios de nuevas estrategias. Pero fuera de las pantallas, las familias siguen viendo cómo la violencia avanza, cómo los responsables rara vez son detenidos y cómo la tranquilidad prometida continúa sin llegar.
Y es que mientras los discursos presumen éxitos, los ataques continúan, los homicidios siguen ocurriendo y el estado permanece atrapado en una realidad que ningún comunicado puede ocultar, Oaxaca sigue viviendo tiempos de peligro.






